Manhattan
- Antonella Isabel Torcasio

- 27 mar 2025
- 1 Min. de lectura

Camino entre sombras de neón,
los rostros ebrios de miedo y olvido
se desvanecen en la brisa nocturna.
Pero yo avanzo, serena,
siguiendo el rastro plateado
que la luna deja sobre el río.
Manhattan grita,
pero el agua me susurra su reflejo,
y en él, me encuentro.
Luego, el mundo cambia de piel:
paredes amplias, tibias, familiares.
Él me mira, y el tiempo se aquieta.
Y allí, en los pasillos de mi propio destino,
corre una niña de rizos y risa pura,
una versión de mí que nunca dejó de brillar.
Quizás el sueño no es un sueño,
sino un presagio que aguarda su hora.








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