Las dos aladas
- Antonella Isabel Torcasio

- 23 jun 2025
- 1 Min. de lectura

Libro de los signos vivientes Iba camino al deber terrenal, cuando dos aladas blancas danzaban entre flores como si tejieran hilos de luz. Una de ellas me eligió, se posó en mí como quien entrega una bendición sin palabras, y el viento se volvió silencio para dejarla hablar.
No pregunté por qué venía,
pero su toque era respuesta:
«Estás siendo vista, guiada, amada.»
El azar sagrado, me regaló una canción, y comprendí que todo lo invisible conspira, que incluso lo que no está cerca puede abrazarme si estoy despierta.
Las mariposas blancas,
como emisarias del alma,
me recordaron que no camino sola,
que hay ojos en lo alto y en lo profundo
que aún me reconocen,
aunque el cuerpo no los vea.








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